Mostrando entradas con la etiqueta Carnaval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carnaval. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de febrero de 2010

Debían frenar tanta irreverencia.


Debían frenar tanta irreverencia.
Carnavales: Guadix 1930.
Ana María Rey.
12.2.2003.

Durante los años 30 las celebraciones carnavaleras conservaron el mismo esquema de finales del siglo XIX. Comenzaban la mañana del domingo anterior al “miércoles de ceniza” y seguían durante toda la jornada, continuando el lunes y el martes. El domingo siguiente concluían con la fiesta de “Piñata”.
Las concentraciones de máscaras se realizaban en la calle La Gloria. A los hombres les gustaba disfrazarse de mujeres, sobre todo con prendas de sus madres y abuelas, y con trajes de Pierrot que se pusieron en aquel entonces de moda. Las mujeres utilizaban todo lo que encontraban en las arcas de la familia para confeccionar sus atuendos. Muchas de ellas arreglaban viejas enaguas y corpiños a las que añadían lazos de colores y pasacintas. Las más osadas se disfrazaban con la ropas de los hombres de su casa, se vendaban fuertemente el pecho con un trozo de lienzo, se cubrían el pelo con sombrero y la cara con una máscara, vestían sus manos con guantes de varón rellenos de trozos de tela para que aparentasen mayor tamaño y circulaban calle arriba, calle abajo, procurando no llegar a la Plaza de San Diego.
Estos desfiles se producían bajo la atenta mirada de las señoras que abarrotan las ventanas y balcones, desde los que se arrojaban confeti y serpentinas. Amenizaba el paseo la música de guitarras, acordeones, violines, tambores, latas, pitos y carracas, y se cantaban canciones de temática variada, predominando las de crítica política y las pícaras, que arremetían contra la restrictiva moral sexual impuesta por la iglesia católica. Algunos músicos como Fernando Requena, Juan Balboa o Manuel Casas, eran miembros de “La Capilla”, una agrupación musical de la Catedral, a los que también gustaba la juerga del carnaval.
Me cuentan que se formaban muchas murgas y que en el año 1934 salió una compuesta por miembros de la rondalla del Centro Artístico. En aquellos momentos corría el rumor de que esta agrupación de cuerda no era buena y que no sonaba. Esto ofendió a los músicos que se hicieron guitarras, laudes, violines y bandurrias de cartón y de papel, se vistieron de mascara y salieron a la calle con una pancarta que ponía : “¿ Que no suena? ¡Que te crees tu eso!”
Las caras iban cubiertas por máscaras y antifaces, para evitar que las corrosivas letras que se canturreaban dieran lugar a represalias de las personas que se podían dar por aludidas u ofendidas. En una ocasión un señor iba originalmente disfrazado, sobre un mono de trabajo cosió montones de enchufes, tantos que todo él parecía uno. Estaba de trifulca con un funcionario del Ayuntamiento y vestido de esta guisa se instaló delante de la ventana del trabajador público, que vivía en la calle de La Gloria y no se movió de allí en toda la tarde, podemos imaginar el mosqueo del caballero al que iba dirigida la crítica.
Las máscaras, las serpentinas y algunos instrumentos musicales de carnaval se compraban en la tienda de Fenoy, que en esos años estaba donde hoy está Fotos Medina, en el encuentro de las escalerillas de la Plaza de la Constitución y la calle Ponce y Pozo.
En la calle La Gloria se instalaban puestos en los que se podían comprar garbanzos tostados, cacahuetes, tortas saladas, caramelos y otras chucherías, uno de estos vendedores era conocido por “Colorines”. Quienes querían echarse un trago de vino del país para vencer la vergüenza, podían hacerlo en las tabernas de los alrededores como la de “Joaquín el Tuto” en la Bovedilla, o la de “Ferminillo en la casa del Tío Churrete”, y en la Placeta Osario estaba la “Taberna de la Paca” y “La Bodega de Mateo Tortosa”, que vendían el vino por arrobas, pero en el carnaval lo vaseaban y así se liquidaba la temporada. Mención aparte merece “El Corralón”, en la Plaza de la Virgen, esta era una taberna que regentaba Gabriel Zaleña, aunque quien llevaba el peso del negocio era una mujer conocida por el apodo de “la Pirinola”, donde hoy está la carpintería “Virgen de las Angustias”, en este establecimiento se reunían las gentes de izquierdas, y además de vino se podía asistir a reuniones políticas como la que se realizó con motivo de una visita a Guadix de Fernando de los Ríos. Pero si lo que querían era comprar tabaco, lo podían hacer en los estancos de la calle La Gloria o en el de “La Cortezas” en la calle San Marcos.
Al hacerse de noche no quedaba nadie en las calles y la fiesta continuaba en los bailes, que dependiendo de la clase social de cada cual, se realizaban en locales públicos, en las casas particulares y en los patios de vecinos que llamaban “corralones”. Son de destacar los bailes del Liceo, al que asistían los socios acompañados por sus familias y que tenían lugar en un salón que había antes de llegar al teatro. He de señalar que entonces el casino se encontraba donde hoy está el Teatro Mira de Amescua. También había baile en los Salones del Pósito y en el Centro Artístico, sito este en el Callejón de Palacio, en el que tocaba su “Estudiantina”. Los ferroviarios, que eran un colectivo muy importante, constituyeron una entidad cultural, crearon una rondalla y también organizaban fiestas de carnaval. He podido saber que en algunas casas particulares se reunían los más jóvenes, acompañados siempre por sus madres o abuelas, invitaban a algún guitarrista o acordeonista al que pagaban con unas botellas de vino y organizaban un baile. Gozaba de gran popularidad “Justo” que al decir de los mayores era el mejor para un baile de carnaval. En el barrio de Las Cuevas también se organizaban de esta manera y se podía escuchar música desde cualquier cerro.
Como las fiestas de Carnaval no eran del agrado de las autoridades religiosas, porque en el fondo era un triunfo de lo carnal sobre lo espiritual, de lo pagano sobre lo cristiano, la iglesia las contrarrestaba con un Triduo de Carnaval. Una costumbre que puso de moda el Obispo Rincón. En estos años el predicador era el párroco del Sagrario Manuel Pezán Ortiz. También se exponía en la Catedral al Santísimo durante los tres días de la fiesta con la finalidad de frenar tanta irreverencia. En Guadix tenemos constancia de esta lucha de la iglesia con el carnaval, pero ocurría en toda España y desde tiempos muy remotos, en el libro “El Carnaval” de Julio Caro Baroja se dice que en la catedral de Sevilla los “seises” desagraviaban a Dios bailando solemnemente ante los altares las tardes de Carnaval y esta costumbre se data en 1695.
En el año 1936 los carnavales fueron tremendamente tensos al igual que lo era la situación política……en Guadix ya no se volvieron a conocer carnavales hasta la llegada de la democracia.


Velos, sedas y plumas


Velos, sedas y plumas
Ana María Rey.
9.2.2004

He querido rescatar la memoria de las celebraciones carnavalera en la ciudad de Guadix durante los últimos años del siglo XIX y para ello he repasado las páginas del dominical El Accitano, que comenzó a publicarse en el año 1891.
Se organizaban durante el domingo, lunes y martes que precedían al miércoles de ceniza. Este día se suspendían los mascarones por disposición de la autoridad ya que no es propio que el hombre se divierta el mismo día que la iglesia, llama a la penitencia y le recuerda que es un puñado de polvo. Entraban así en la cuaresma. Pero se permitían una última trasgresión con los bailes del domingo de Piñatas.
La fiesta tenía dos formas de vivirse, por un lado estaba la de la sociedad pudiente y por otro el de la clase trabajadora. Hay bastantes referencias en este sentido. Por ejemplo al hablar de los bailes de carnaval se diferencia entre los de salones aristocráticos y los de candil, refiriéndose a los populares.




Queda constancia de que a los accitanos y accitanas les gustaba disfrazarse. Los varones lo hacían de emperador, caballero medieval, ciego, cochero, torero, negro, esclavo, de dominó y de burro con alforjas. Me ha llamado la atención un individuo que se vistió figurando ser una España a quien chupaban la sangre varios hijos desnaturalizados, y tan descomunales eran sus lamentos y tanto vociferó que la broma le costó una enfermedad.
A las mujeres les gustaba envolverse en trajes de mariposa, estrella, luna, “cosa vaporosa”, bruja, reina, manola, campesina del Zenete y de astróloga persa. Una chica se disfrazó de ambulancia de Cruz Roja y un observador se preguntaba que no habría pasado en el baile del domingo anterior para que apareciera esta institución creada para el auxilio de los heridos.
Para los que vivían el carnaval en la calle tocaban dos estudiantinas, y en el año 1891 iban acompañadas por una comparsa de lavanderas, otra que representaba al pueblo y sus habitantes y alguna más de la que no se nos da detalles. Entre la clases populares estaba asumido que el carnaval tenía unos principios inmutables entre los que se encontraban la producción de máscaras, las diversiones, los “zorrazos” (que yo creo que se refiere al consumo desmesurado de alcohol) y una que otra pendencia, que en alguna excepcional ocasión terminó en pelea e incluso a tiros, aprovechando la impunidad que producía el uso de máscaras, antifaces y disfraces.
Se organizaban concursos de ingenio en la composición de las letrillas que cantaban las comparsas y también a la originalidad de los disfraces estableciéndose premios, accésit y menciones honoríficas.
A la gente le gustaba pasear por las calles y las que iban enmascaradas arrojaban grandes cantidades de serpentinas y papelitos de colores. Desde los balcones se lanzaban “carnavalinas”, de las que sabemos que servían para adornar tocados en las cabezas de las señoras; eran doradas, de plata, azules y verdes; y que provocaban chichones, ojos morados y roturas de dientes, llamando por ello la atención de los cronistas.
Era muy habitual, hasta el punto de ser cansino, que los y las enmascaradas se acercasen a quienes no iban disfrazados y les hiciesen una pregunta retórica ¿me conoces?


Por otro lado estaban los carnavales de salón y entrada restringida, en unos casos a los socios acompañados de sus familias y amistades y en otros a los círculos de amigos, por celebrarse en casas particulares. En ambos casos era imprescindible mostrar el rostro en el momento de acceder para evitar que “pasara persona alguna que fuera moneda falsa entre moneda de justo peso”. Los bailes se hacían el domingo de carnaval y el martes, la hora de comienzo solía ser las 10 de la noche y duraban hasta las tres o las cuatro de la madrugada. La música, que procedía de agrupaciones de cuerda o de piano, seguía un esquema en el que primero sonaban los voluptuosos y mareantes valses, después el elegante y pausado rigodón, el animado y marcial lancero y se terminaba con la siempre alegre y festiva polka que acompañaba también el desfile general de disfraces con el que finalizaban los bailes.
Pedro Antonio de Alarcón en 1893 publica un articulo dedicado al Carnaval que se titula “Del baile en general y del baile del Liceo en particular”, en el que entre otras cosas dice:
¿Quién piensa en nada sublime, en nada ideal, en nada patético ante este hormigueo de arlequines, de polichinelas, de locos, de condenados, que van, que vienen, saltan, gritan, roncan, ríen, sudan, beben, bailan … y … ¡qué se yo qué más! Brinquemos, gritemos y riamos nosotros un poquito… pero sin alterar el orden… ¡por que ya saben ustedes las circunstancias…!
Felicita seguidamente a los organizadores de la fiesta por el buen gusto mostrado y dirige de nuevo su vista a lo que ocurre en el salón de baile: Piérdese la extraviada vista en ese océano proceloso de luces, flores, lazos, cintas, diamantes, perlas, encajes, velos, sedas y plumas...
Empieza a sonar la música y dice el autor: Rugen las orquestas y cien torrentes de música se derraman, como una inundación de mayor vértigo… Y la música presta sus alas a la juventud y las parejas oscilan, tremolan, ondean, se precipitan, corren, saltan, huyen, vuelven, se extasían, se marean…Y el amor estrella y centellea en todas las miradas y arde en todos los corazones y revolotea sobre todas las cabezas.
Unos años después de esta bella descripción del baile de carnaval, las firmas de El Accitano critican el que se sigan celebrando mientras se libran distintas guerras en las que España está involucrada. Son los años 1896 y 1897 y se viven los conflictos de Filipinas y Cuba. El 4 de Marzo de este último año en un articulo titulado “Febrero” y que firma Garcí-Torres dice: El carnaval, caiga en Febrero, caiga en Marzo, siempre es el mismo sujeto feo, antiguo, de mala sombra, impúdico, sinvergüenza, soez, insultante. El carnaval con su enorme careta cubre el decoro y la dignidad y deja al descubierto todas las pasiones groseras y los vicios feos. Ese debe desaparecer. Irse.
Quizá esta opinión se deba a que más adelante en la sección “Cultos” encontramos la siguiente nota: Durante los tres días de carnavales hubo un triduo en la Catedral, predicándose a la concurrencia, que fue numerosísima, de las sublimes verdades y justos mandatos de Dios y de su Iglesia. El señor Rincón es seguro conquista muchas almas para el cielo. Nuestro parabién al digno sucesor de San Torcuato cuya evangelización continua.
Como hemos dicho las fiestas se suspendían el miércoles de ceniza. Los y las carnavaleras aprovechaban entonces para realizar el entierro de la Zorra: la que llevó un duelo respetabilísimo que marchaba preocupado detrás del féretro marcando el paso a los tristes acordes de una marcha fúnebre capaz de arrancar lágrimas a los más empedernidos corazones. Séale la tierra pesada.
El carnaval terminaba el domingo de Piñata, en opinión de Aureliano del Castillo: El baile de Piñata viene a ser la última repercusión del Carnaval; su último eco; la palpitación postrera, el último fulgor de una llama que se extingue... que se apaga... que se muere. Con él termina la etapa del placer y es preciso aprovechar todos sus instantes.
Este día toda la celebración giraba alrededor de la delicada y deseada pieza, que se instalaba en la parte central del techo de los salones. La del Liceo era: Una obra de arte ejecutada por primorosas manos, confeccionada con ricas telas perfectamente entrecruzadas una con otras para que su conjunto fuese sumamente agradable a cuantas personas asistieran al baile.
De ella colgaban muchas cintas de raso de distintos colores y era costumbre que después de un vals, las mujeres acompañadas por su pareja, se acercasen, seleccionaran una de las cintas y tirasen. Si la piñata se abría, la afortunada recibía los dulces que se guardaban en su interior y además un ramo de flores. Se cuentan anécdotas de muchachas aparentemente finas, educadas y de buenas familias, que aparentando no darse cuenta, cogían varias cintas a la vez en un desesperado intento de conseguir el premio.
Y nadie mejor que Alarcón para despedir los carnavales con la esperanza de que retornen el próximo año: al terminar el baile todos llevan dormido allá en el alma un recuerdo dulce, inefable, melancólico, como el que pone en nuestros labios mil suspiros al despertar de un hermoso sueño.

sábado, 20 de febrero de 2010

Un Carnaval de Cuento.


Un Carnaval de Cuento.
Ana María Rey.
16 de febrero de 2010.

Del cielo dejaron de caer gotas de lluvia y copos de nieve, que vienen acompañándonos como un llanto en este largo y duro invierno, y comenzaron a descender plumas, serpentinas y confeti como un buen augurio, señal de que la vida sigue y de que anclarse en el dolor no nos ayuda a avanzar.
El martes nos reunimos, como es tradicional, más de seiscientas personas en “El Suspiro del Moro” para celebrar el Carnaval. La Delegación Provincial de Igualdad y Bienestar Social de Granada convocó la decimoquinta edición de Agrupaciones de Carnaval y estaban invitados a participar los veintitrés centros de Día para Personas Mayores de los que es titular la Junta de Andalucía. Asistieron todos representados por su comparsa, más de quinientas personas.
Yo adoro esta fiesta porque ya he escrito alguna vez que la considero un canto a la libertad. Me apasiona lo efímero y frágil de su decorado. La vivo como una gran pirueta suspendida entre la realidad y la fantasía. Cuando participo en ella siento que la vida me regala un gran beso de espuma multicolor.
Estos encuentros provinciales tienen la particularidad de que cada año responden a un título, el Carnaval de 2009 fue de Cine y el de 2010 de Cuentos. Por ello todas las comparsas debían vestir tipos vinculados con alguna historia de las que nos contaron cuando éramos inocentes. Por eso resultó muy sencillo sentir como éramos transportadas a un mundo donde la magia estaba presente. Por los salones de “El Suspiro del Moro” era inevitable que te cruzaras con Heidi, el Rey León, Aladino, Cenicienta, el Sastrecillo valiente, el Flautista de Hamelín seguido por multitud de ratoncitos, la Madrastra de Blancanieves, Sherezade, Ratatouille y su sequito de cocineros y cocineras, la Sirenita, Alí-Babá y sus cuarenta ladrones, los Pitufos, los piratas de la Isla del Tesoro, las Enfermeras presumidas, la Bella Durmiente, las Gotas de Agua, y un sin fin de personajes que evocaban las más tiernas emociones de la infancia. No se dejó ver por allí Caperucita, tampoco asomó el hocico su inseparable Lobo, imagino que tendrían otros compromisos…


Voces que acumulan largos meses de ensayos en sus cuerdas, entonaban presentaciones, cuplés, pasodobles, popurrís… que alegraban el ambiente mientras se dejaban acompañar por las acompasadas notas de acordeones, guitarras, bandurrias, tambores, bombos, pitos y palmas.
Guadix presentó la comparsa “Blancanieves y los diecisiete enanitos”, que pusieron una nota simpática y picante en el ambiente. Antonia Hernández bordaba su papel de inocente princesa; Pilar Leyva me impresionó como bruja, con largo vestido negro y sombrero de pico; Pepe Requena lucía espectacular con su atuendo de príncipe azul; y Eva Fernández llevaba un precioso traje que la caracterizaba como la reina malvada, la madrastra. Después estaba el grueso del grupo, los enanitos con sus botas marrones de fieltro; pantalones bombachos de rasete rojo; casacas a juego con los gorros de pico, en una variada gama de colores, azules, rosas, verdes y amarillos; cinturones de amplia hebilla en las protuberantes cinturas; y en los rostros barbas de borreguito, bigotes y cejas pintadas de blanco, y dos hermosos coloretes en las mejillas. Sobre sus pechos colgaban los pitos carnavaleros, y en sus manos, las plateadas herramientas de tamaño gigante para ir a la mina a trabajar...!Hi, Ho!
Así de originales se presentaron, ante el numeroso y cálido público que abarrotaba la sala, Antonia Martínez, Encarna Jabalera, Pedro Hernández, Valeriana Muñoz, Encarna Molero, José María Franco, Rafi de la Rubia, Ángeles Garzón, Carmen Iborra, Eloisa Santisteban, Ana Ruiz, Araceli Plaza, Angustias García, Carmen Gámez, Dulce Jiménez, Pepita Sánchez, Adora Hernández. Actuaron bajo la atenta mirada del director del Centro de Día José Antonio Santiago. Respondieron a la divertida dirección de la monitora de la comparsa Toñi Díaz, una mujer alegre y vitalista que transmite optimismo y energía positiva donde quiera que vaya. Precisamente con ella ha estado trabajando el grupo durante muchos sábados desde las once de la mañana hasta la una, y ese esfuerzo se ha notado.
Pero además han dedicado buena parte de su valioso tiempo a la confección del vestuario. Los lunes, los miércoles y los viernes el taller de costura estaba repleto y con mucha bulla. Encarna Jabalera ha dirigido el diseño de los patrones, y prácticamente todas las mujeres han colaborado con su buen hacer y su entusiasmo.
Simultáneamente han organizado un taller de elaboración de pequeños antifaces de lentejuelas, perlas, y plumas que regalan generosamente a los hombres y mujeres que, procedentes de todos los rincones de la provincia, se dan cita en este anual encuentro de Carnaval. Yo tengo la suerte de recibir uno nuevo cada año. Inevitablemente veo la inspiración de Antonia Lubian en esas artesanales joyas, ella nos enseñó a hacerlas, ella nos enseñó a lucirlas, ella me recordaba que una vez quemadas las barbas de San Antón teníamos que colocar los brillantes antifaces en la solapa de nuestra chaqueta para anunciar la llegada del Carnaval. Por eso agradezco tanto que las mujeres del Centro de Día de Guadix mantengan esta tradición que, para mí, constituye todo un homenaje a la que fuera la primera mujer que presidió la Junta de Gobierno de ese centro, y a quien próximamente el ayuntamiento dedicará una calle en la ciudad. Antonia se lo merece.
Pero la fiesta no terminó aquí, dado que la Semana Santa se anuncia en enero, parece razonable que el Carnaval no solo se prolongue hasta el Domingo de Piñata, el siguiente al miércoles de ceniza, sino incluso hasta el próximo día 25 de febrero. Esa ha sido la fecha elegida para que se reúnan en Guadix más de trescientas personas para seguir celebrando esta fiesta tan alegre y colorida. Están convocados las comparsas de los centros de personas mayores que dependen de la Junta de Andalucía, de toda la zona norte de la provincia de Granada: Castril, Huéscar, Baza, Cullar y por supuesto Guadix. El lugar de encuentro será el Hotel Carmen. Actuarán las comparsas; se compartirá una comida de hermandad; habrá baile amenizado por la orquesta de Tony Mory; y actuarán el Coro Rociero de la Virgen de la Cabeza y el Grupo de Javier de Carmen. Dado que ya estaremos muy cerca del día de la Comunidad Autónoma, todos los grupos procederán a interpretar de forma solemne el Himno de Andalucía. La bienvenida será a las once de la mañana y la convivencia se prolongará hasta bien entrada la tarde.
Me encanta ver la vitalidad que despliegan las personas con más de sesenta años de nuestra ciudad, sé que es contagioso, por eso me gusta compartir con ellas y con ellos momentos tan entrañable y alegres. Guardaré mi disfraz, que por cierto este año la idea me la dio Ignacio Ferriz cuando me llamó “Capit-Ana María”, por lo que decidí vestirme de “Bucanera Turca”, y gritaré con energía y sin tristeza: ¡Carnaval ha muerto! ¡Viva el Carnaval!



martes, 16 de febrero de 2010

Cuajada de Carnaval.








CUAJADA DE CARNAVAL.
Ana María Rey.
14 de febrero de 2007

Una de las grandes fiestas de la historia gastronómica española fue, durante siglos, el Carnaval, tradición pagana que el clero consentía a regañadientes, de hecho el Papa Gelasio I, allá por el año quinientos después de Cristo, redactó el sexto de sus tratados para intentar suprimir el festival romano de la fertilidad, las Lupercalias. Su intención era sustituirlo por la fiesta de la Candelaria, algo que evidentemente no consiguió. Los gobernantes, por su parte, usaban la fiesta como válvula de escape para una sociedad que, salía de los rigores y penurias del invierno, y tenía que desahogarse antes de sufrir las vigilias y los ayunos de la Cuaresma (periodo de cuarenta y seis días que comprende desde el miércoles de ceniza hasta el sábado santo) y de la Semana Santa (del domingo de Ramos al de Resurrección). Las matanzas había terminado y, contando con que durante dos meses, los fieros vigilantes de nuestras frágiles almas, velarían por evitar que pecásemos comiendo “marranadas”, en la semana de Carnaval se llenaban los platos de todo tipo de embutidos, las brasas de tocinos y caretas, los peroles de patas y las ollas de morcillas. Así podían despedirse de la buena mesa, porque solo entonces estaba permitido hartarse de cerdo sin temor a arder en los fuegos del infierno.
Hoy ya nada de esto tiene sentido, porque no son los curas, ni la Cuaresma, quienes establecen la prohibición, sino el endocrino que vigila nuestro colesterol, de ahí que se hayan perdido casi todas las costumbres culinarias carnavaleras.
En Cataluña preparan un embutido que llaman Farcit de Carnaval, un estómago de cerdo relleno de carne picada con huevos, pan y pasas; y la Coca de Llardons, especie de empanada abierta, cubierta de chicharrones, piñones y azúcar. En Galicia promocionan sus costumbres carnavaleras más ancestrales, sin objetivos turísticos ni motivaciones bastardas, por eso se mantienen vivas las tradiciones de cocina. En febrero hace un frío que pela el bigote, así que, en vez de enseñar el cuerpo a ritmo de samba, nos lo regalamos con un buen cocido que es más reconfortante que hacer de Marilyn sin depilarse las canillas. Pero hay una especialidad carnavalera que allí llamamos filloas (hojuelas en el resto de España) que son el símbolo pagano por excelencia, ya que se trata de una representación homeomórfica del Dios Sol, y que se rellenan igual con dulce que con salado.
En Granada hay un famoso plato que se realiza con los dulces sobrantes de Navidad, la golosa Cuajada de Carnaval que hunde sus raíces en la repostería de herencia árabe. Es el resultado de sumar varios pasos de un proceso. Comencemos por el principio. Hacemos una crema pastelera, para ello ponemos a calentar en un cazo un litro de leche entera con la cáscara de un limón y media rama de canela, no debemos dejarla hervir. Mientras tanto en un recipiente batimos cuatro huevos; mezclamos doscientos gramos de azúcar con setenta y cinco gramos de maicena y con un batidor de varillas trabajamos hasta que no quede ningún grumo. Y mientras lo hacemos recitamos la filosofía del gandul carnavalero: lunes galbana, martes malagana, miércoles tormenta, jueves malaventa, viernes vendaval, y para un día que queda ¿para qué vamos a trabajar?. Retiramos el limón y la canela de la leche caliente y le añadimos la mezcla que acabamos de preparar. Seguimos calentando a fuego lento sin dejar de remover para obtener la textura de crema. Una vez hecha la apartamos y reservamos. Iniciamos el segundo paso, la elaboración del almíbar. Para ello necesitamos un vaso de agua, y medio vaso de azúcar. Mezclaremos en un cazo que pondremos a calentar. Debemos conseguir un punto lo suficientemente liquido para emborrachar en él una docena de bizcochos de soletilla. El tercer paso consiste en producir azúcar glass, para ello tenemos que poner cinco cucharadas de azúcar en el molinillo del café y convertir los granos en un suave polvo blanco. Cuarto paso, machacamos doce mantecados con un tenedor y abrimos una lata de cabello de ángel de ciento cincuenta gramos. Llegamos al final, cubrimos el fondo de un pequeño lebrillo de cerámica granadina, con una capa de los mantecados machacados; sobre ella extendemos cabello de ángel; otra de bizcochos borrachos de almíbar, y terminamos con una capa de crema pastelera. Repetimos la operación de relleno y rematamos con una capa de mantecados. Decoramos cubriendo toda la superficie con azúcar glass y espolvoreando con una nube de canela. Media hora en el frigorífico y listo para comer. En ese momento diremos con Juan de la Encina: Hoy comamos y bebamos, y cantemos y holguemos, que mañana ayunaremos.

domingo, 1 de marzo de 2009

El baile de carnaval baratario del Liceo.














El baile de carnaval baratario del Liceo.
25 de febrero de 2009

La Asociación Barataria ha manifestado públicamente que "aglutina a personas con deseos de salir de ámbitos encorsetados, de descalcificar las arterias del alma y luchar contra la esclerosis creativa"
Es una asociación que "volitivamente se manifiesta hedonista y contemplativa, lúdica y sentimental, comprometida pero sin gritar, trolera, teatrera, soñadora radical, francotiradora emocional y utópica hasta recalcitrar" condescendiente con quien peca e inflexible con quien triunfa. Para mantener el tipo está ojo avizor al amor, la inspiración y demás sinónimos, para distinguir, como decía Antonio Machado "de entre todas las voces, una"
Dicho esto no puede extrañarte que fuese iniciativa suya organizar un "Baile de Carnaval" en los salones del Liceo Accitano.
La propuesta encontró el apoyo del periódico Wadi-as, de Radio Guadix, y de los establecimientos The English Centre, El Globo, Habana Café, Publi Ceb, Carnes del Bierzo y Foto Lis.
Como no podía ser de otra manera, preparé mi vestido, mis plumas y mi mejor estado de ánimo para no perderme el renacer de una de las más bellas tradiciones culturales de la ciudad. Sobre la misma escribí un largo artículo titulado "Velos, sedas y plumas" en febrero del año 2004, que si tienes interés puedes encontrar en este blog.
Sí quiero recordarte que nuestro insigne y universal Pedro Antonio de Alarcón dejó constancia del acontecimiento social que representaban los bailes de carnaval en 1893, en un artículo titulado "Del baile en general y del baile del Liceo en particular", en el que describe el ambiente alegre que lo preside, felicita a los organizadores por el buen gusto mostrado, y dirige su vista a lo que ocurre en el salón de baile en el que luces, flores, lazos, cintas, diamantes, perlas, encajes, velos, sedas y plumas, son protagonistas indiscutibles. Al son de la música "las parejas oscilan, tremolan, ondean, se precipitan, corren, saltan, huyen, vuelven, se extasían, se marean…"
Pensaba en esto mientras subía las escaleras del Liceo, despacio y conscientemente, porque una no está acostumbrada a faldas que arrastran por el suelo, a enaguas, a cancán y a mirar con un solo ojo.
Al entrar en el salón de baile, una bella dama vestida de azul nos dio la bienvenida, pidió el nombre de nuestros disfraces y anunciaron nuestra llegada. Nos hicieron entrega de una pulsera roja en la que letras plateadas anunciaban "Carnaval 2009" Acto seguido nos condujeron a una de las salas en la que se ofrecía un tentempié, refrigerio o piscolabis, que no sabría yo muy bien con qué nombre quedarme.
Todas las personas presentes lucían espectaculares disfraces componiendo una bellísima imagen, parecía el interior de un caleidoscopio. Comentaba con la Reina Isabel de Castilla lo curioso que es el hecho de ver tanta cabeza, republicana confesa, con corona: el Marqués de Bejarín, la Duquesa Torcuata Martínez Martínez, una princesa medieval de incógnito, la Condesa de la Capelina Blanca, el Rey Felipe II, su amante la Princesa de Éboli...
Con la media noche se inauguró el baile con una ronda de presentación de los distintos disfraces en la pasarela habilitada al efecto, no teniendo nada que envidiar a la Cibeles Fashion Week, recibiendo los y las modelos toda clase de aplausos y jaleos.
La fiesta siguió con un baile llamado "la máscara errante", que era de pluma roja y varilla, en el que obtuvieron todos los honores la pareja compuesta por "Sor vente" y "El cura Vicente", fue entonces cuando uno de los lacayos presentes y yo comentamos la numerosa presencia clero. El mismo Jesucristo rodeado de un obispo, un cardenal, un fraile, un cura vasco…
La "Gran bucanera" y "Drácula" animaron el baile enseñándonos los pasos básicos de la salsa, actividad que algunos abandonamos pronto, porque la gorguera y la capa no son recomendables para esta actividad, ya he entendido la razón por la que las caribeñas bailan en bikini. Entonces volví a la barra acompañada por "Pocahontas y su novio indio", para hidratarnos.
Fotos del "Chico Ideal" para el ganador del concurso, una Drag Queen con un espectacular atuendo bautizado "Para pluma las mías"; para "Igor" el tuerto jorobado; y para una especie de gran gorila.
El ritmo de la noche no dejó impasible a los zombis, vampiros y vampiresas, mariachis, pitonisas, huevos fritos, yin-yan, gánsters, cíngaras, turistas, tunos, ni a la bella protagonista del musical Cats que lucía absolutamente felina, y que se movían con alegría entre confeti y serpentinas.
Sin lugar a dudas quiero más risas y sueños, por eso el año que viene volveré para disfrutar la dulzura del encuentro y la alegría del Carnaval.

Don Carnal: dorado, alegre y seductor.








Don Carnal: dorado, elegante, alegre y seductor.
1 de febrero de 2005.

Cuando las hogueras de San Antón se apagan en la gélida madrugada, sé que ha llegado el tiempo de Carnaval. Busco, con ilusión casi infantil, el pequeño antifaz bordado con lentejuelas y rematado con una leve pluma, para colocarlo en la solapa de mi chaqueta. Así comienzan las celebraciones del tiempo de la trasgresión y la alegría.
Acércate al patio del Ayuntamiento de Guadix y disfruta con la exposición "Fantasía de Carnaval". Podrás observar lo que el corazón, la imaginación y el saber de una mujer como Antonia Lubian, han sabido sacar de un montón de telas, encajes, lentejuelas y plumas. Y además las preciosas fotografías del Guadix monumental en Carnaval, hechas por File.
Quiero centrarme en los dos personajes que dan la bienvenida a los visitantes: don Carnal y doña Cuaresma. Él se nos presenta tan dorado, elegante, alegre y seductor como el modelo de mundo que representa. A su lado está ella, tan recatada, tan austera, tan comedida, tan seria, tan formal como el modelo de sociedad por el que clama.
En la batalla que cada año libran nuestros protagonistas, hay mucho de ritual y de simbólico y descifrarlo nos ayuda a interpretar la sociedad en que vivimos. Debemos interesarnos en conocer las manifestaciones populares en las que participamos, y así ser conscientes de su significado.
Si nos detenemos en el orden social, vemos que en Carnaval se da una inversión de los papeles sociales, ya sean sexuales, profesionales o económicos, que provoca confusión e impide el control social pero permite que la conducta individual no tenga que ajustarse a patrones y normas estrictas, las actitudes carnavalescas no son correctas o incorrectas, son espontáneas. Por el contrario la Semana Santa, que es la culminación de la cuaresma, tiene su manifestación ritual en las procesiones, completamente regladas en horario, orden de desfile, vestimenta e incluso en el ritmo de la marcha, dispone de una armonía preestablecida donde cada participante tiene su papel y su sitio. Pero en la vida cotidiana no se da ni la confusión del Carnaval que impide el control social, ni el orden de la procesión que lo hace inútil.
En las relaciones personales también hay diferencias, se evidencian en la hostilidad burlesca y las actitudes caprichosas, frente al sacrificio penitencial y la fraternidad de la cuaresma. La sociedad no permite ni el ojo por ojo, ni poner la otra mejilla, porque para resolver los conflictos, hemos pactado leyes.
Las formas con las que expresamos la identidad personal en tiempos de carnestolendas se visualizan en los disfraces y máscaras que crean imágenes inconfundibles y nos permiten observar una sociedad plural, colorista, original, heterogénea, y nos hace personas más diferentes de lo que somos en realidad. La Semana Santa también aporta una identidad, las túnicas y los capirotes de los penitentes uniforman a las personas y anulan las diferencias de sexo, edad y posición social, al igual que las máscaras, poniendo en claro que todo es vano porque la muerte nos deja a todos y todas hechos polvo. Entre la máscara y el capirote esta nuestro rostro, con el que se nos ve y se nos reconoce como seres únicos e irrepetibles.
Finalmente están las relaciones del cuerpo y sus apetitos. El carnaval se representa, nada más y nada menos, que por dos pecados capitales como son la gula y la lujuria. Engullir y amar sin más limite que la apetencia se contrapone, en tiempo de cuaresma, con el ayuno, la abstinencia y la castidad. Este movimiento pendular no se da en nuestra vida cotidiana, donde, salvo las excepciones que confirman la regla, los hedonistas carnavaleros y los ascetas cuaresmales son minoría.
Que la cuaresma siga al carnaval indica, a primera vista, una victoria de la dama negra sobre el chico de oro, pero no te dejes engañar, si venciera uno de los contendientes peligraría la sociedad que conocemos. Por eso cada año los dos son enterrados. Los derechos del cuerpo y los del alma que defienden don Carnal y doña Cuaresma, son ritualmente derrotados en su pretensión de regir, en exclusiva, la vida de los hombres y de las mujeres. Y sin necesidad de discursos, se expresa la teoría que sirve de guía para nuestra conducta individual: el valor del justo medio y del sentido común. Hemos de aprender a reírnos de la propia sombra sin que por ello nos duela la conciencia.

viernes, 27 de febrero de 2009

Velos, sedas y plumas






Velos, sedas y plumas
9.2.2004


He querido rescatar la memoria de las celebraciones carnavalera en la ciudad de Guadix durante los últimos años del siglo XIX y para ello he repasado las páginas del dominical El Accitano, que comenzó a publicarse en el año 1891.
Se organizaban durante el domingo, lunes y martes que precedían al miércoles de ceniza. Este día se suspendían los mascarones por disposición de la autoridad ya que no es propio que el hombre se divierta el mismo día que la iglesia, llama a la penitencia y le recuerda que es un puñado de polvo. Entraban así en la cuaresma. Pero se permitían una última trasgresión con los bailes del domingo de Piñatas.
La fiesta tenía dos formas de vivirse, por un lado estaba la de la sociedad pudiente y por otro el de la clase trabajadora. Hay bastantes referencias en este sentido. Por ejemplo al hablar de los bailes de carnaval se diferencia entre los de salones aristocráticos y los de candil, refiriéndose a los populares.
Queda constancia de que a los accitanos y accitanas les gustaba disfrazarse. Los varones lo hacían de emperador, caballero medieval, ciego, cochero, torero, negro, esclavo, dominó y de burro con alforjas. Me ha llamado la atención un individuo que se vistió figurando ser una España a quien chupaban la sangre varios hijos desnaturalizados, y tan descomunales eran sus lamentos y tanto vociferó que la broma le costó una enfermedad.
A las mujeres les gustaba envolverse en trajes de mariposa, estrella, luna, "cosa vaporosa", bruja, reina, manola, campesina del Zenete y de astróloga persa. Una chica se disfrazó de ambulancia de Cruz Roja y un observador se preguntaba que no habría pasado en el baile del domingo anterior para que apareciera esta institución creada para el auxilio de los heridos.
Para los que vivían el carnaval en la calle tocaban dos estudiantinas, y en el año 1891 iban acompañadas por una comparsa de lavanderas, otra que representaba al pueblo y sus habitantes y alguna más de la que no se nos da detalles. Entre la clases populares estaba asumido que el carnaval tenía unos principios inmutables entre los que se encontraban la producción de máscaras, las diversiones, los "zorrazos" (que yo creo que se refiere al consumo desmesurado de alcohol) y una que otra pendencia, que en alguna excepcional ocasión terminó en pelea e incluso a tiros, aprovechando la impunidad que producía el uso de máscaras, antifaces y disfraces.
Se organizaban concursos de ingenio en la composición de las letrillas que cantaban las comparsas y también a la originalidad de los disfraces estableciéndose premios, accésit y menciones honoríficas.
A la gente le gustaba pasear por las calles y las que iban enmascaradas arrojaban grandes cantidades de serpentinas y papelitos de colores. Desde los balcones se lanzaban "carnavalinas", de las que sabemos que servían para adornar tocados en las cabezas de las señoras; eran doradas, de plata, azules y verdes; y que provocaban chichones, ojos morados y roturas de dientes, llamando por ello la atención de los cronistas.
Era muy habitual, hasta el punto de ser cansino, que los y las enmascaradas se acercasen a quienes no iban disfrazados y les hiciesen una pregunta retórica ¿me conoces?
Por otro lado estaban los carnavales de salón y entrada restringida, en unos casos a los socios acompañados de sus familias y amistades y en otros a los círculos de amigos, por celebrarse en casas particulares. En ambos casos era imprescindible mostrar el rostro en el momento de acceder para evitar que "pasara persona alguna que fuera moneda falsa entre moneda de justo peso". Los bailes se hacían el domingo de carnaval y el martes, la hora de comienzo solía ser las 10 de la noche y duraban hasta las tres o las cuatro de la madrugada. La música, que procedía de agrupaciones de cuerda o de piano, seguía un esquema en el que primero sonaban los voluptuosos y mareantes valses, después el elegante y pausado rigodón, el animado y marcial lancero y se terminaba con la siempre alegre y festiva polka que acompañaba también el desfile general de disfraces con el que finalizaban los bailes.
Pedro Antonio de Alarcón en 1893 publica un articulo dedicado al Carnaval que se titula "Del baile en general y del baile del Liceo en particular", en el que entre otras cosas dice:
¿Quién piensa en nada sublime, en nada ideal, en nada patético ante este hormigueo de arlequines, de polichinelas, de locos, de condenados, que van, que vienen, saltan, gritan, roncan, ríen, sudan, beben, bailan … y … ¡qué se yo qué más! Brinquemos, gritemos y riamos nosotros un poquito… pero sin alterar el orden… ¡por que ya saben ustedes las circunstancias…!
Felicita seguidamente a los organizadores de la fiesta por el buen gusto mostrado y dirige de nuevo su vista a lo que ocurre en el salón de baile: Piérdese la extraviada vista en ese océano proceloso de luces, flores, lazos, cintas, diamantes, perlas, encajes, velos, sedas y plumas...
Empieza a sonar la música y dice el autor: Rugen las orquestas y cien torrentes de música se derraman, como una inundación de mayor vértigo… Y la música presta sus alas a la juventud y las parejas oscilan, tremolan, ondean, se precipitan, corren, saltan, huyen, vuelven, se extasían, se marean…Y el amor estrella y centellea en todas las miradas y arde en todos los corazones y revolotea sobre todas las cabezas.
Unos años después de esta bella descripción del baile de carnaval, las firmas de El Accitano critican el que se sigan celebrando mientras se libran distintas guerras en las que España está involucrada. Son los años 1896 y 1897 y se viven los conflictos de Filipinas y Cuba. El 4 de Marzo de este último año en un articulo titulado "Febrero" y que firma Garcí-Torres dice: El carnaval, caiga en Febrero, caiga en Marzo, siempre es el mismo sujeto feo, antiguo, de mala sombra, impúdico, sinvergüenza, soez, insultante. El carnaval con su enorme careta cubre el decoro y la dignidad y deja al descubierto todas las pasiones groseras y los vicios feos. Ese debe desaparecer. Irse.
Quizá esta opinión se deba a que más adelante en la sección "Cultos" encontramos la siguiente nota: Durante los tres días de carnavales hubo un triduo en la Catedral, predicándose a la concurrencia, que fue numerosísima, de las sublimes verdades y justos mandatos de Dios y de su Iglesia. El señor Rincón es seguro conquista muchas almas para el cielo. Nuestro parabién al digno sucesor de San Torcuato cuya evangelización continua.
Como hemos dicho las fiestas se suspendían el miércoles de ceniza. Los y las carnavaleras aprovechaban entonces para realizar el entierro de la Zorra: la que llevó un duelo respetabilísimo que marchaba preocupado detrás del féretro marcando el paso a los tristes acordes de una marcha fúnebre capaz de arrancar lágrimas a los más empedernidos corazones. Séale la tierra pesada.
El carnaval terminaba el domingo de Piñata, en opinión de Aureliano del Castillo: El baile de Piñata viene a ser la última repercusión del Carnaval; su último eco; la palpitación postrera, el último fulgor de una llama que se extingue... que se apaga... que se muere. Con él termina la etapa del placer y es preciso aprovechar todos sus instantes.
Este día toda la celebración giraba alrededor de la delicada y deseada pieza, que se instalaba en la parte central del techo de los salones. La del Liceo era: Una obra de arte ejecutada por primorosas manos, confeccionada con ricas telas perfectamente entrecruzadas una con otras para que su conjunto fuese sumamente agradable a cuantas personas asistieran al baile.
De ella colgaban muchas cintas de raso de distintos colores y era costumbre que después de un vals, las mujeres acompañadas por su pareja, se acercasen, seleccionaran una de las cintas y tirasen. Si la piñata se abría, la afortunada recibía los dulces que se guardaban en su interior y además un ramo de flores. Se cuentan anécdotas de muchachas aparentemente finas, educadas y de buenas familias, que aparentando no darse cuenta, cogían varias cintas a la vez en un desesperado intento de conseguir el premio.
Y nadie mejor que Alarcón para despedir los carnavales con la esperanza de que retornen el próximo año: al terminar el baile todos llevan dormido allá en el alma un recuerdo dulce, inefable, melancólico, como el que pone en nuestros labios mil suspiros al despertar de un hermoso sueño.

martes, 24 de febrero de 2009

Debían frenar tanta irreverencia.






Debían frenar tanta irreverencia.
Carnavales: Guadix 1930.
12.2.2003.

Durante los años 30 las celebraciones carnavaleras conservaron el mismo esquema de finales del siglo XIX. Comenzaban la mañana del domingo anterior al "miércoles de ceniza" y seguían durante toda la jornada, continuando el lunes y el martes. El domingo siguiente concluían con la fiesta de "Piñata".
Las concentraciones de máscaras se realizaban en la calle La Gloria. A los hombres les gustaba disfrazarse de mujeres, sobre todo con prendas de sus madres y abuelas, y con trajes de Pierrot que se pusieron en aquel entonces de moda. Las mujeres utilizaban todo lo que encontraban en las arcas de la familia para confeccionar sus atuendos. Muchas de ellas arreglaban viejas enaguas y corpiños a las que añadían lazos de colores y pasacintas. Las más osadas se disfrazaban con la ropas de los hombres de su casa, se vendaban fuertemente el pecho con un trozo de lienzo, se cubrían el pelo con sombrero y la cara con una máscara, vestían sus manos con guantes de varón rellenos de trozos de tela para que aparentasen mayor tamaño y circulaban calle arriba, calle abajo, procurando no llegar a la Plaza de San Diego.
Estos desfiles se producían bajo la atenta mirada de las señoras que abarrotan las ventanas y balcones, desde los que se arrojaban confeti y serpentinas. Amenizaba el paseo la música de guitarras, acordeones, violines, tambores, latas, pitos y carracas, y se cantaban canciones de temática variada, predominando las de crítica política y las pícaras, que arremetían contra la restrictiva moral sexual impuesta por la iglesia católica. Algunos músicos como Fernando Requena, Juan Balboa o Manuel Casas, eran miembros de "La Capilla", una agrupación musical de la Catedral, a los que también gustaba la juerga del carnaval.
Me cuentan que se formaban muchas murgas y que en el año 1934 salió una compuesta por miembros de la rondalla del Centro Artístico. En aquellos momentos corría el rumor de que esta agrupación de cuerda no era buena y que no sonaba. Esto ofendió a los músicos que se hicieron guitarras, laudes, violines y bandurrias de cartón y de papel, se vistieron de mascara y salieron a la calle con una pancarta que ponía : "¿ Que no suena? ¡Que te crees tu eso!"
Las caras iban cubiertas por máscaras y antifaces, para evitar que las corrosivas letras que se canturreaban dieran lugar a represalias de las personas que se podían dar por aludidas u ofendidas. En una ocasión un señor iba originalmente disfrazado, sobre un mono de trabajo cosió montones de enchufes, tantos que todo él parecía uno. Estaba de trifulca con un funcionario del Ayuntamiento y vestido de esta guisa se instaló delante de la ventana del trabajador público, que vivía en la calle de La Gloria y no se movió de allí en toda la tarde, podemos imaginar el mosqueo del caballero al que iba dirigida la crítica.
Las máscaras, las serpentinas y algunos instrumentos musicales de carnaval se compraban en la tienda de Fenoy, que en esos años estaba donde hoy está Fotos Medina, en el encuentro de las escalerillas de la Plaza de la Constitución y la calle Ponce y Pozo.
En la calle La Gloria se instalaban puestos en los que se podían comprar garbanzos tostados, cacahuetes, tortas saladas, caramelos y otras chucherías, uno de estos vendedores era conocido por "Colorines". Quienes querían echarse un trago de vino del país para vencer la vergüenza, podían hacerlo en las tabernas de los alrededores como la de "Joaquín el Tuto" en la Bovedilla, o la de "Ferminillo en la casa del Tío Churrete", y en la Placeta Osario estaba la "Taberna de la Paca" y "La Bodega de Mateo Tortosa", que vendían el vino por arrobas, pero en el carnaval lo vaseaban y así se liquidaba la temporada. Mención aparte merece "El Corralón", en la Plaza de la Virgen, esta era una taberna que regentaba Gabriel Zaleña, aunque quien llevaba el peso del negocio era una mujer conocida por el apodo de "la Pirinola", donde hoy está la carpintería "Virgen de las Angustias", en este establecimiento se reunían las gentes de izquierdas, y además de vino se podía asistir a reuniones políticas como la que se realizó con motivo de una visita a Guadix de Fernando de los Ríos. Pero si lo que querían era comprar tabaco, lo podían hacer en los estancos de la calle La Gloria o en el de "La Cortezas" en la calle San Marcos.
Al hacerse de noche no quedaba nadie en las calles y la fiesta continuaba en los bailes, que dependiendo de la clase social de cada cual, se realizaban en locales públicos, en las casas particulares y en los patios de vecinos que llamaban "corralones". Son de destacar los bailes del Liceo, al que asistían los socios acompañados por sus familias y que tenían lugar en un salón que había antes de llegar al teatro. He de señalar que entonces el casino se encontraba donde hoy está el Teatro Mira de Amescua. También había baile en los Salones del Pósito y en el Centro Artístico, sito este en el Callejón de Palacio, en el que tocaba su "Estudiantina". Los ferroviarios, que eran un colectivo muy importante, constituyeron una entidad cultural, crearon una rondalla y también organizaban fiestas de carnaval. He podido saber que en algunas casas particulares se reunían los más jóvenes, acompañados siempre por sus madres o abuelas, invitaban a algún guitarrista o acordeonista al que pagaban con unas botellas de vino y organizaban un baile. Gozaba de gran popularidad "Justo" que al decir de los mayores era el mejor para un baile de carnaval. En el barrio de Las Cuevas también se organizaban de esta manera y se podía escuchar música desde cualquier cerro.
Como las fiestas de Carnaval no eran del agrado de las autoridades religiosas, porque en el fondo era un triunfo de lo carnal sobre lo espiritual, de lo pagano sobre lo cristiano, la iglesia las contrarrestaba con un Triduo de Carnaval. Una costumbre que puso de moda el Obispo Rincón. En estos años el predicador era el párroco del Sagrario Manuel Pezán Ortiz. También se exponía en la Catedral al Santísimo durante los tres días de la fiesta con la finalidad de frenar tanta irreverencia. En Guadix tenemos constancia de esta lucha de la iglesia con el carnaval, pero ocurría en toda España y desde tiempos muy remotos, en el libro "El Carnaval" de Julio Caro Baroja se dice que en la catedral de Sevilla los "seises" desagraviaban a Dios bailando solemnemente ante los altares las tardes de Carnaval y esta costumbre se data en 1695.
En el año 1936 los carnavales fueron tremendamente tensos al igual que lo era la situación política……en Guadix ya no se volvieron a conocer carnavales hasta la llegada de la democracia.

Transtorna la cordura y alegra el corazón.








Trastorna la cordura y alegra el corazón.
12.02.03.

Estoy preparada para empezar el carnaval, pero antes me vas a permitir que coloque en mi solapa la mascara de oro que me regaló Antonia Lubian, una auténtica obra de arte realizada en lentejuelas por las expertas manos de esta amante de la fiesta.
A esta señora le debo el tener metido en el cuerpo el gusanillo de la marcha carnavalera. Ella es la responsable de que muchas personas deseemos que llegue el carnaval para poder desmelenarnos con alegría e imaginación. Ella es una magnífica diseñadora de disfraces, me encantan sus cuadernos de dibujo, en los que va pintando los trajes, los tocados, los aderezos... Ya le he dicho que ni se le ocurra destruirlos cuando los termine, a mí me encantaría recibirlos como un regalo. Son fantásticos, igual que ella.
Pero volvamos a la fiesta, según el lingüista Díez, la palabra carnaval procedería de Carrus Navalis, carro naval, él pudo constatar en sus investigaciones que todos los 5 de Marzo de cada año se celebraba por los romanos de la época imperial, la fiesta de la Diosa Isis, y con tal motivo se organizaba una procesión en la intervenían personas disfrazadas, que se arrojaban huevos rellenos de polvo de oro para alejar a los espíritus maléficos y en la que aparecía un barco en el que se desplazaba la deidad.
Era obviamente una fiesta pagana que como muchas otras la cultura cristiana convirtió, dándole la forma de una despedida de la inconsciencia antes de sumergirnos en el periodo reflexivo de la cuaresma y su culminación en el sacrificio del Hijo de Dios.
El conjunto de la ciudadanía, a la que siempre le cuesta abandonar los hábitos que le agradan, aprovechó esta propuesta cultural para exteriorizar su deseo de trasgresión antes de las semanas de ayuno.
El Carnaval se plantea así como un retorno temporal al Caos original, es una clara apuesta por la inversión de los valores y una manera de saltar por encima de las normas represoras.
El uso de las máscaras reivindica el derecho a cambiar de rostro como paso previo para cambiar el alma. Es por esto que en carnaval el ateo se viste de piadosa monja, el policía de caco, el hombre se hace mujer, la mujer un guardia civil con bigote, la niña se convierte en princesa, el pobre se hace marqués, la panadera es astronauta en las estrellas, el bebé es convertido en mariposa, la abuela es la dama pantera y por unos días cada cual puede transformarse y realizar su personalísima metamorfosis. La gran ventaja es que cada año puedes cambiar tus deseos y eso es genial.
Las comparsas eligen sus vestimentas y plantean las letras de sus chirigotas, que medio en broma, medio en serio sacan a relucir todos los problemas y situaciones que han impactado en la comunidad, y realizan críticas a famosos, mandones y gobernantes que no tienen mas remedio que encajarlas deportivamente.
Tras un decorado extremadamente delicado y fugaz, el carnaval es un canto a la libertad, un gran arco iris pintado con los lápices de la ilusión y la imaginación, un tiovivo de gestos y de miradas, la gran pirueta que nos mantiene entre la realidad y la fantasía, una atrayente melodía que nos encierra en el círculo mágico del divertimento, un gran beso de espuma multicolor, ambrosía que trastorna nuestra cordura y alegra el corazón.
En la gran batalla que han de librar en estos días Don Carnal y Doña Cuaresma yo me inclino por el primero y os invito a que afloren vuestros sueños, a que os liberéis de complejos y que conjuntamente busquemos la ilusión de vivir.
! Es Carnaval y llegó la hora de divertirse!

El entierro de la sardina






Entierro de la sardina.
26 de febrero de 2006.


Algo debe tener el Carnaval que resiste en el corazón y el subconsciente del pueblo a pesar de haber sido condenado por la iglesia católica desde el siglo IV, y después prohibido por un régimen dictatorial casi cuarenta años, pero con todo es muy difícil de erradicar.
El Miércoles de Ceniza abre las puertas de par en par a la Cuaresma, pero antes es preciso hacer una cosa, la última celebración del Carnaval: enterrar a un pez teleósteo. Así es, ni más ni menos que el entierro de una sardina en persona o en efigie, que da lo mismo.
En muchísimos pueblos y ciudades españolas ese día, o en su defecto el domingo anterior, se procede al entierro solemne de este animal marino con ataúd, plañideras, cirios y jaculatorias al efecto. Sin embargo, este ritual tan profano se remonta unos cientos de años.
Su origen se sitúa en la época del rey Carlos III, quien decidió durante un Miércoles de Ceniza que había que desterrar la carne para cumplir con la abstinencia propia de la Cuaresma. A tal fin organizó una fiesta en la Plaza de Ópera y mandó traer suculentas sardinas para combatir el hambre imperante, ya que chuletillas de cordero estaría mal visto. Sin embargo, aquel fue un día que el sol apretó lo suyo, y los rigores propios del invierno, se transformaron en un día más propio de la inminente estación primaveral, así que las sardinas empezaron a descomponerse, hasta el punto que el hedor del pescado impidió que fuese consumido. La gente no se resignó ante esta circunstancia adversa, y sobre la marcha se organizó un simulacro de entierro y el pueblo llano se dirigió en comitiva hacia la Casa de Campo, para enterrar y deshacerse de la putrefacta carga. Esta procesión tan singular, parece que cayó en gracia al pueblo de Madrid, y desde entonces se convoca a sus gentes para efectuar de nuevo el entierro de la sardina año tras año, en un acto simbólico por el que se niegan a prescindir de la carne.
Testigos de excepción de estas fiestas populares han sido Goya y Mesonero Romanos. El primero pintó un cuadro titulado "El entierro de la sardina" entre 1812 y 1819, en el se representa un concurrido grupo de hombres y mujeres disfrazados participando en la juerga, y portando un gran pendón del Carnaval con el rostro del Dios Momo. El segundo nos deja constancia de ella en "Escenas matritenses", donde se refiere al Carnaval de 1839, y nos dice que la comitiva descendía desde el Madrid castizo hasta el río, pasaba el Puente de Toledo, y más adelante se enterraba la sardina que había sido llevada en andas y en la boca de un pelele que era a su vez quemado en alta pira.
Con esta última convocatoria festiva de don Carnal empieza el ciclo de la Cuaresma y la ceniza nos invita a tomar contacto con la "realidad" y simboliza la precariedad de la vida humana, pero también la resurrección, ya que esta se producirá a partir de nuestras propias cenizas. Proceden, las que se utilizan para llevar a cabo esta práctica, de la incineración de las palmas benditas repartidas el Domingo de Ramos del año anterior. Con su aplicación sobre la frente se recuerda el texto del Génesis "Polvo eres y en polvo te convertirás". Hubo un tiempo en que las observancias de la cuaresma eran bastante rígidas en lo relacionado con el ayuno y la abstinencia, que debían ser cumplidos estrictamente porque se recuerdan los cuarenta días de ayuno y meditación que pasó Jesús en el desierto. Sólo permitía una comida al día en la cual no se consumían carne, huevos o pescado. Paulatinamente la iglesia ha ido modificando sus mandatos, permitiendo el consumo de carnes de aves y pescado. Actualmente se guarda abstinencia de carne sólo los días viernes de la temporada de cuaresma.
Este año he utilizado durante todo el Carnaval, en Granada, en Loja y en Guadix, mi traje de doña Cuaresma, ese tan maravilloso que diseñó y cosió para mí mi amiga Antonia Lubian. Un vestido de raso y encaje negro que representa la austeridad y un fondo violeta, que es el color litúrgico que simboliza de arrepentimiento y la penitencia, pero está adornado con flecos, plumas y lentejuelas que son un guiño a la alegría de vivir. Cuando escribo este texto me estoy preparando para asistir a la final de Comparsas y Chirigotas en el Mira de Amezcua, y terminando de hacer mi maleta, porque este año entierro la sardina en Santa Cruz de Tenerife.