jueves, 26 de marzo de 2009

Veo una voz.








Veo una voz.
17 de julio de 2006.

Las personas oyentes y las sordas somos iguales en lo que se refiere a sentimientos, luchas interiores, aspiraciones, sensibilidad… pero también somos diferentes fundamentalmente por nuestra cultura. En Antropología cultural se define la cultura como el conjunto que componen la lengua, costumbres, tradiciones, modelos de comportamiento, modos de vida que socialmente caracterizan a un determinado grupo humano con respecto a otros, y la forma en que es transmitido de generación en generación.
Para aproximarme a una comunidad cultural tan cercana y desconocida he participado, por segundo año consecutivo, en el Curso de Lengua de Signos Española que organiza el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada en colaboración con el Ayuntamiento, en nuestra ciudad. Sin lugar a dudas ha sido todo un éxito del que tiene buena parte de responsabilidad la siempre eficaz Josefina Tena, verdadera alma mater de la Concejalía de Educación, que en todo momento estuvo atenta a las necesidades del alumnado y profesorado, y que incluso hizo soportable la convivencia del silencio absoluto de nuestras aulas, con el ruido atronador de los ensayos de trompeta.
Mi profesora ha sido la accitana Fátima Valdivia Segura, experta en este idioma y miembro de la Asociación de Personas Sordas de Granada.
En el curso avanzado teníamos encomendada la tarea de recordar dactilología, perfeccionar la expresión corporal, profundizar en la gramática, enriquecer nuestro vocabulario, desarrollar recursos de comunicación visogestual y adentrarnos en el teatro de lengua de signos. Pero fundamentalmente pretendíamos vencer las barreras de comunicación.
Si aprender otro idioma es complejo, con este encontramos otra dificultad añadida, porque es una lengua que no se oye, se ve. La atención que prestamos a la pronunciación y que realizamos agudizando el oído, en esta ocasión exige que miremos con atención; la memoria auditiva con la que recogemos y almacenamos información se debe sustituir por la memoria visual; y todos los aspectos referidos a pronunciación, entonación y acentuación debemos recibirlos mediante una mirada atenta al conjunto de la expresión facial, corporal y la agilidad manual, que así mismo deberemos desarrollar para comunicarnos con fluidez.
Nuestra profesora insistía mucho en que la Lengua de Signos no es mimo, porque en este se utiliza todo el cuerpo y el espacio que le rodea; mientras que en aquella solo se utiliza la parte superior del cuerpo (el enfoque de una locutora de informativos por una cámara de televisión) y no precisa de movimientos en el espacio. Está compuesta por una serie de signos cuya combinación permite expresar todo tipo de significados, y aunque existe un alfabeto dactilológico que se corresponde con el alfabeto escrito, solo se usa de forma muy limitada, y casi siempre por quienes nos aproximamos a la lengua desconociendo todo su vocabulario. Nos dejó claro que no es una lengua universal, cada país tiene la suya, e incluso en España es distinta según los territorios.
El primer ejercicio que se hicimos fue asignar a cada persona una seña propia que la identifique, por pura economía de lenguaje, deletrear el nombre con el que nos registraron civilmente es engorroso y lleva mucho tiempo, por eso se procede al Bautizo de Lengua de Signos. Se suele elegir la seña teniendo en cuenta algún rasgo físico (la mía hace referencia al lunar de la mejilla derecha), el carácter (llorona, sonriente), algún adorno que se use de forma continuada, la forma de vestir, la traducción del nombre propio o el apellido a la lengua de signos (Nieves, Ríos), las aficiones, el lugar de procedencia…. Pero siempre debe gustar a la persona que lo recibe que debe sentirse cómoda con él. A partir de ese momento solo nos dirigiremos unas a otros llamándonos por nuestro nuevo nombre.
Son muchas las barreras de comunicación que se están derribando gracias a las nuevas tecnologías, por ejemplo la utilización de los mensajes de los teléfonos móviles, para lo que no es preciso utilizar la voz ni el oído; o las conexiones al Messenger, un sistema de mensajería instantánea por Internet, que permite una conversación escrita en tiempo real con quince personas simultáneamente con solo seleccionar a aquellas con la que se quiere hablar en cada momento. Pero son más las que se mantienen por ejemplos en los cines, los teatros, las televisiones… ya que apenas hay programación subtitulada para hacerla accesible a todo el mundo, de hecho la 1 de Televisión Española subtitula diez horas a la semana, mientras que la tele británica tiene treinta y cinco, y la noruega cincuenta.
Me gustaría que te aproximaras al mundo de las personas sordas e hicieras el enriquecedor ejercicio de ver en las manos de una persona sorda una dulce y melodiosa voz.