jueves, 1 de enero de 2009

Magnífico Rosoli.





Magnífico Rosoli.
28.12.2002

Y las fiestas continúan. Según recientes estudios engordamos entre tres y cinco kilos en las Navidades. Esto es debido básicamente a que organizamos nuestra vida social alrededor de una mesa.
Unas veces es la mesa familiar en la que mamá nos ha preparado una suculenta comida que comienza con aperitivos, que además de por los ojos entran por la boca, les sigue una sopa de verduras que huele que alimenta, a continuación besugo al horno con patatas que hacen que pierdas el escaso control que tienes sobre el consumo de calorías que has injerido, así las cosas llega la macedonia de frutas multicolor que podría servir de inspiración para un bodegón del Museo de Arte Moderno. No contentas con esto terminamos con el café que viene acompañado de una fuente de golosinas navideñas: mazapanes, bolas de coco bañadas en chocolate, almendras garrapiñadas, trufas de chocolate negro, peladillas y piñones, alfajores, polvorones y roscos de vino y para rematar un chupito de licor de avellana o de ese magnífico Rosoli que hacen las monjas del Convento de la Concepción.
Aun no has terminado de hacer la digestión cuando ya estas preparándote para salir con las amistades a tomar unas copas, a fin de compartir con ellas el espíritu alegre y comunicativo de la Navidad. Así entran en tu magnífico y extraordinario cuerpazo, unos cuantos vinitos o cervezas acompañadas de sus espléndidas tapas, por ejemplo de calamares fritos, riñones o criadillas del bar Dólar, o pimientos y gambas rebozadas de la Bodega Calatrava, o un plato de jamón en el Bar del Jamón, o unas almendras fritas del Churrasco.
Para cuando llegas a casa de tu suegra (que te ha invitado a cenar muy amablemente, lo cual agradeces, porque estas para el arrastre de tanta juerga) la mesa está ya puesta con el mantel blanco de encaje, los platos de porcelana que solo se sacan del trinchero en las ocasiones excepcionales, la cubertería con iniciales grabadas que pertenecen a su ajuar y las copas que brillan como las estrellas, en el centro de la mesa hay un bonito adorno navideño con vela roja incluida, señal inequívoca de que es una ocasión muy especial. Hay que sentarse a comer, se enciende la vela, y empieza el desfile. Sale primero la sopera que trae en su interior un riquísimo y reconstituyente consomé al que se le echa un chorreón de jerez, que hace que te sientas como una duquesa. Una grandiosa fuente de trocitos de merluza con gambas que aún vienen humeantes de la cocina y saben a gloria. Para terminar de rematar la ingesta indecente de calorías un asado de carne. De postre algo tan apetitoso como unas rodajas de piña natural con melocotón en almíbar y un buen chorreón de nata dulce montada.
Así un día y dos y tres y hasta diez, y ya tenemos los cinco kilos que indica el informe que se nos agarran desesperantemente a las caderas.
Como solución yo propongo que nos riamos. Si te ríes perderás peso. Se dobla la velocidad a la que late el corazón durante tres o cuatro minutos, aumenta el consumo de oxigeno y ejercita los músculos de los hombros, el diafragma y el abdomen, para conseguir el mismo efecto necesitarais cinco minutos de aeróbic a toda marcha. Nos ayuda a fortalecer los músculos de la cara alejando de ella las arrugas y sobre todo, reír es incompatible con la mala sangre por lo que seguramente también seremos mejores personas.
Otra propuesta es bailar, podemos consumir muchas de nuestras reservas grasas al ritmo de salsa, merengue, tango, pasodoble, sevillanas, rumbas o valses, no saber bailar no es excusa, porque en estos tiempos todo está permitido con la única excepción de no pisar los pies de la pareja, y menos si tiene callos o juanetes.
Pero hay otro sistema para quemar calorías, un envolvente abrazo acompañado de un beso apasionado consume doce calorías, te gustará y repetirás, te advierto que este es un ejercicio que no cansa y cuanto más lo practiques más querrás, esto posiblemente te lleve a una intensa noche de amor desenfrenada lo que te permitirá quemar doscientas cincuenta calorías por hora. Así que como hemos de poner fin al año 2002 de alguna manera pues hagámoslo con risas, con bailes, con besos y con una noche romántica ente sábanas de blanco satén.